lunes, 8 de abril de 2013

Mi ruina.

Suena el despertador y le doy un ligero toque para que deje su infernal ruido. Me siento sobre la cama, tiento con los pies buscando mis zapatos, muchas veces y sobretodo por esas horas es misión imposible, ese día, gracias a Dios, no lo fue, (no creo que haya sido por Dios, simplemente que cada día voy buscando dónde dejarlos para que por la mañana no toque el suelo frio, Dios no tiene nada que ver, es más, yo soy algo ateo, pero sobre costumbres no puedo hacer ya nada).
Me visto. Traje, corbata y zapatos nuevos por cortesía de mi mujer, no me gustan, pero para estar en una oficina cuadrícula no están mal.
Mierda. No hay café. Me dispongo a hacerlo, pero todas las mañanas no pasa esto.
Esta es mi rutina.
¿Habéis oido hablar eso de "la rutina es la ruina"? Apuesto que si, mi mujer lo piensa tan firmemente que casi se lo tatua, tardé poco en negarme, de los dos ella es la más libre, la más expresiva, loca, extrovertida... yo simplemente soy un tonto con corbata y un maletín lleno de mentiras.
Sí, yo tampoco sé como acabó conmigo.
Aunque, a mi también me coló hondo la frase, mi oficina estaba llena de hojas con ella. Pero ese día fue distinto, creo que ese día Don Perfecto sufrió los efectos secundarios de la rutina.

1 comentario:

  1. Mi gusta que lo cuentes de forma cercana, parece un Diario de quien lo escribió :3

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