Siempre es de noche, excepto una vez, pero bah, solo fue una, las demás siempre estaba oscuro, no pasaba un ápice de luz por la ventana, la música era lenta, yo estaba tapada bajo mis sábanas, no se oía nada. Excepto a algo que lagrimeaba bajo las mantas, quizás era yo. Pero nada más.
Y me imaginé, imaginé por un segundo que sería si tú y yo, nadie más, solos, estubiesenos paseando por esa noche oscura. Solo las farolas alumbrarían, así no se me vería la sonrisa de estúpida. Caminando, como en verano. Tú y yo, nadie más, solos.
A continuación, supe que no debería imaginar nada contigo. El ruido del lloriqueo pasó de las sábanas a toda la habitación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario