Y, como si de un baile se tratase, paseo mis caderas por tu pasillo, lúgubre, oscuro, aunque a cada toque, algo de luz salga, una estrella, un disparo, un trozo de purpurina con nombre completo, hasta dirigirme hasta tu cuarto, tus cuatro paredes, tu sitio, tu tan tú con algo de yo.
Y todo a golpe de cadera.
Como si fuese una excursión de mis caderas a mis muslos con algún "te quiero", como parada, obligatoria, para contemplar la vista, descansar un rato, bebernos los ojos, (tú tan miel, yo tan menta).
Y como si de los stops del camino se continua, paso firme, luz a toques, poesía de sábanas verdes, miradas que se pierden y se esconden para vernos.
Y todo a golpe de cadera.
Nos comemos, como niños chicos, como papás y mamás con cocinita de juguete y hora de ir al patio, como la madre que te trajo como te quiero. Como todo eso, y mucho más.
Hacernos pequeños ante un sitio tan grande, tiremos miguitas de pan, o calcetines y camisas para saber a donde vamos, ¡Qué si nos perdemos más a gusto! Pero hoy no, vigilemos los papeles, mantengamoslos en mente.
Y todo esto a golpe de cadera.
Que se asoma la luz, y nos mira con descaro, "ay que enamorados, ay que chiquillos, ay que felices", y cerraremos las ventanas, las persianas para poder abrir la mente, pero antes dame todos tus papeles que los mios los he perdido, por la ventana, golpe, y adiós a ellos.
Así que queramonos y sintamonos sintiendolo, como niños, con vergüenza, escondiendonos del sol, de la luna, y de todo lo que nos quiera ver, que hoy solo te veré yo.
Y todo esto a golpe de cadera.
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