miércoles, 9 de octubre de 2013

Y todo esto sin sueldo y con ganas.

A lo mejor puedo ser tu musa, llenarme de tinta y mina y pasarme paseando con pies de plomo por tus bocetos y llenarlo todo, por completo, y poner tu conclusión con mi palabra de plata y palabrota fina, para complementarnos algo más, y que se note algo menos.
Ser tu mujerzuela paseando tus delirios haciendo golpearlos a melodía de cadera, paseando menos cordura y volviendo loco a cualquiera, y al girarme, poner esa sonrisa de llevarmelos de calle como si entendiese del tema, esa sonrisa pícara tuya que de tanto que me enamora me la he puesto en la etiqueta.
Ir a tu cama y gritarte que vengas a trozos de pluma y rima, para hacer poesía bajo sábanas, tanto, que Bécquer y Neruda se nos hagan parientes de tanto repetir entre susurros y gritos la poesía de mis ojos y los trucos de magia de tus besos, pasando por alguna estrofa mia, alguna en la que salgas, que te tenga camuflado como buen soldado entre las líneas, que te haga eterno, que te me lleven al mismísimo Olimpo.
Pasear bajo tu comisura marcandote los besos como versos en la mano, que si alejandrinos o sin estrofa, pero yo te los rimaba, igual, o mejor, en la espalda, bajo tanta risa floja.
Darte a entender, que debo ser tu musa, sin sueldo, una de esas musas que ves y te llena los poros, hasta el alma de talento y ganas, de esas que ahora se agotan, de esas libres, aunque yo ya sea tuya.

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