lunes, 26 de agosto de 2013

Déjame enseñarte.

Déjame respirarte cerca, al ras del cuello, como a ras del cielo.
Déjame llenarme de luz a cada mirada que te deja en negro, blanco, morado, azul, verde y el resto de gamas.
Déjame marcarme un compás de dos sobre tus labios y ser tan valiente de continuarlo hacia abajo.
Déjame vestirme de negro y luna mientras solo llevamos sábanas.
Déjame cantarte al oído, algo que entre los te quiero se oiga definido.
Déjame cerrarte los ojos para demostrar que se siente mejor a oscuras.
Déjame a ciegas mientras solo noto viento.
Déjame ponerte los pelos de punta, y la piel de gallina.
Déjame ser valiente a ras del cuello.
Déjame firmarte, déjame escribirte.
Déjame enseñarte que no siempre uno más uno da dos.
Déjame llenarte la espalda de poesía marcada a carmín rojo y trocitos de niña buena.
Déjame explicarte que eres mio, déjame enseñarte que los te quiero también son algo más que palabras, déjame demostrarte que somos eternos.

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